«Xenia» de Panos H. Koutras (realizador de la estupenda «Strella»), trata sobre la peculiar historia de amor incestuoso de un ex-presidiario en busca de su amante transexual. Es una de esas películas que desbordan simpatía. Una fábula contemporánea dotada de magia, poesía y realismo, pero donde la capacidad de soñar da frutos auténticos y donde se respira una mezcla de colorismo e inmediatez en el entorno social en el que viven insertos sus personajes. Un regalo de «la otra Grecia», la que no aparece representada pero también lucha en las calles, ellos y ellas también deberían ser los protagonistas de la historia y de las historias que muchas veces no llegan a contarse.

Estamos ante la es la odisea de Danny, un joven y soñador y gay – eje de conducción de la trama – , errabundo, lleno de pluma y candor, ocasional chapero y ladrón de poca monta, y la de su hermano Odyseas en busca de un pasado familiar. La muerte de la madre ambos – antigua estrella del pop griego – marca su regreso a una Grecia bastante creíble donde mucha gente vive en las calles, el miedo tiene forma de uniformes, y el machismo, el racismo y la homofobia están presentes y pueden estallar inesperadamente.

Estos dos hermanos – mitad griegos mitad albaneses -, más unidos de lo que parece a siempre vista, son muy diferentes y ambos buscan la sombra de sus progenitores: en particular el legado de una cantante femenina de gran popularidad a la que quieren incorporar en un concurso y a su verdadero padre «casado con otro hombre» y empresario de una sala de fiestas, donde oculta mas que lo que muestra.

La película quizás esté un poco alargada en su parte final pero consigue lo que todavía no hemos visto en el cine español, reflejar las ofensas materiales y simbólicas de una juventud escindida entre la precariedad y los sueños de fama, entre sus ilusiones y las realidades del individualismo capitalista, entre la diversidad y el miedo a la diferencia. Entre trabajar mucho por cobrar poco y buscar un enchufe o lugar en el sol. Entre las libertades conseguidas y los recortes impuestos en todos los campos.
Cuando Dany dispara a una pandilla de homófobos violentos en acción, los dos hermanos se refugian en el bosque hasta que encuentran una suerte de empresa-hotel en ruinas donde refugiarse, «Xenia». Koutrhas rinde homenaje a «La noche del cazador» de Laughton cuando los dos hermanos (entre los que existe una extraña relación, donde se mezcla la ternura y la tensión) van a la deriva nocturna con el bote por las aguas del rio y también se acercan a sus vecinos italianos (como Ozpetek o, a su manera, Ozon) en su definición de nuevos lazos afectivos y formas de vivir la sexualidad, el amor, la disidencia social o la resistencia al auge del fascismo (ese Amenecer Dorado que aparece en una violenta secuencia nocturna). Aunque el realizador no llega hasta el final en su discurso transgresor ni su estética poco convencional lo que tiene entre manos no deja de ser un hermoso cuento de hadas con apuntes sociales (más realista, por otro lado, que la simpática, resultona pero sobrevalorada «Pride»), Danny y su hermano están destinados a conquistar corazones y ganar ese «concurso» donde han heredado ensueños de «diva» pero formas de pensar mas cercanas de lo que parecen a simple vista.

Odyseas está integrado en un mercado laboral precario (como vendedor de pizzas en un pequeño local callejero) mientras que Danny, el menor, sueña con una Ítaca que vemos desarrollarse y frustrarse a través de sus ojos, intentando reconstruir las piezas de un pasado hecho pedazos, un presente difícil y un futuro bastante incierto. Dany tiene visiones que tal vez le sirven para sobrevivir o para confundirse pero al menos planta cara a una sociedad crispada, empobrecida y donde los fascismos o los moldes rígidos de género pueden cebarse en las clases populares, en las familias estafadas y, sobre todo, en las llamadas «minorías».

Tráiler de Xenia:
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Por Eduardo Nabal
