Dunkerque de Christopher Nolan. Un salto en la butaca

Un salto en la butaca nada más empezar, en el primer segundo, en el primer fotograma. Las ruedas de un avión de combate de la segunda guerra mundial que parece que aterrizan sobre los surcos de tu frente. Ni un minuto sentado delante de la gran pantalla y ya sé que merece la pena los más de ocho euros que cuesta la entrada. Todavía existen películas hechas para el CINE y esta es una de ellas.

Una playa, un barco, un avión. Una semana, un día, un hora. Tierra, mar y aire. Esta atrayente estructura narrativa nos propone Nolan en Dunkerque. Se hacen cortos los 107 minuntos que dura. Apenas hay dialogos, las imagenes son tan potentes que no hacen faltan palabras, el sonido que atrapa de tal manera que por momentos crees estar tu también corriendo por las calles de aquel pueblo, esperando a oriilas del mar la llegada del madito barco o a lomos de aquellos míticos aviones de combate.

Sientes angustía y te parece estar encerrado junto a ese imberbe batallón de soldados en un barco encallado esperado que suba la marea, mientras unos nazis (a los cuales nunca se ve en toda la película) lo agujerean al utilizarlo para sus practicas de tiro.

Entiendes perfectamente que aunque solo tengas una hora de combustible en tu avión y te lo tengas que apuntar con tiza para recordarlo, vas a seguir hasta el final, hasta la ultima de gota de sudor, sangre y gasoil persiguiendo a tu enemigo. Incluso te da el aire en la cara al aterrizar suave, vacío, satisfecho y problablemente preso sobre playas francesas.

Entiendes que con una pequeña barca de recreo y jugandote la vida, siendo solo un civíl puedes recoger soldados, ya que tu no encallas y un gran barco si. Te das cuenta que gracias al pueblo civico se salvarón muchas vidas militares de una batalla ya perdida. Mucha gente aceptó la llamada de socorro de sus impotentes gobernantes. Y les salió bien.

Hay pequeños detelles que hacen a la película aún mejor y un gran error, que a mi jucío lastra y mucho su lectura, pero no así su calidad. Detalles como la mirada de Kenneth Baranagh desde el muelle de la playa, el terror de los hombres que no estan preparados para la guerra en los desiquilibrados ojos Cillian Murphy y su comprensiva a veces y otras veces irritante negativa a volver a la playa, o en la actitud de un padre que avergonzado por las decisiones que hombres de su misma edad han tomado, decide ir a salvar a jovenes que como su hijo poca responsabilidad tiene aún en el conflicto. Y de ahí viene el gran error de la película, el discurso final de Wiston Churchill, uno de esos hombres mayores que mandan a la guerra a los jóvenes, que los mandan a la muerte.

Con todo y con esto, Dunkerque es una gran película. Una pequeña gran destreza, un lienzo impresionista y raramente bélico. Un drama, un triller, una aventura, una reflexión, un salto en la butaca, un cierra la boca, un apaga el movil y déjate llevar.