A estas alturas del siglo XXI es muy poco probable que ciertos directores, como Schoedsack, Wellman, Brown, Castellani, Dieterle, Delvaux, y hasta cierto punto Borzage, Pabst, Becker o Monicelli, pese a la pasmosa calidad conjunta de su obra, sean reivindicados a corto plazo y con cierto consenso, pues la crítica más comprometida de hoy en día vive “cegada de autor”, poco propensa a admitir el talento de directores a los que el concepto de autoría parecía tenerles sin cuidado. El canadiense afincado en Hollywood, Allan Dwan, pertenece a este grupo de cineastas ninguneados.

THE INSIDE STORY (1948), aunque no se encuentre a la altura de los mejores Dwan (de MANHATTAN MADNESS [1916] a SLIGHTLY SCARLET [Ligeramente escarlata, 1956] pasando por MANHANDLED [Juguete del placer, 1924] y SILVER LODE [Filón de plata, 1954]), pero sí sea superior a la muy divertida BREWSTER’S MILLIONS (1945), con la que guarda ciertas concomitancias, es, a su manera, un pequeño clásico. Lo que más sorprende de ella no es su impecable factura, siempre esperable en un director de la categoría de Dwan, ni siquiera su brillante cruce entre la comedia y el género Americana, sino la pasmosa vigencia de su discurso: rodada en 1948, el grueso de la acción transcurre, flash-back mediante, en plena crisis de 1933, y sorprendentemente ciertas situaciones son extrapolables a la última gran crisis que nos ha tocado padecer, empezando porque, como la reciente, por más que no se comprendieran sus causas, afectaba a gran parte de la población empobreciéndola hasta extremos denigrantes. Pues bien, basada en una historia de Ernest Lehman, Geza Herczeg y el propio director, el mensaje oficial del estupendo guión vendría a ser algo así como que, para que la gente salga de la ruina y de la miseria, hay que hacer circular el dinero (¿A qué suena esto?: ¡si nuestros banqueros vieran la película!).

Para ello la intriga hace trasegar los mismos mil dólares, astronómica cantidad para la época, entre un puñado de personajes, con las curiosas salvedades de la pareja de enamorados ¡y la de gánsteres!…, ¡como si ellos fueran impermeables a los encantos contantes y sonantes!; y en su mecánica fílmica de mostrar los intercambios monetarios, el film se adelanta nada menos que a la magistral L’ARGENT (El dinero, 1983), de Bresson, aunque su plasmación se lleve a cabo sin insistir tanto en los planos detalle, pues, a diferencia del director francés, el canadiense prefería rodar con planos medios y americanos.



Ahora bien, THE INSIDE STORY no es una película política ni trascendental, sino una comedia magníficamente medida por Dwan, donde la circulación del dinero está sometida a numerosos equívocos, con un reparto magnífico (en especial, los veteranos Gene Lockhart, Geraldine Atherton y Charles Winninger) encarnando a una fauna humana deliciosa (que incluye unos gánsteres que no desvalijan una caja fuerte por sentido del honor, unas esposas encantadas de trabajar para sus maridos y una rica que paga los servicios de un abogado de aquí a años vista) y cuya puesta en escena ajustada y elegante plantea las relaciones humanas, primero, en términos puramente personales y, luego, directamente pecuniarios.

Y que esos mismos sempiternos mil dólares, que aparecen y desaparecen de la caja fuerte de Mr. Taylor como por arte de magia, sean los que solucionan los problemas de todos y cada uno de los personajes acaba configurando un mensaje subliminal, más contundente y radical que el oficial (y de manera mucho más lograda que en BREWSTER’S MILLIONS): que el dinero es un concepto absurdo, un vacío en torno al cual gravitamos para relacionarnos y conseguir salir adelante en esta vida.
Ver película The Inside Story (1948)

